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Nueva ruta de la seda: la importancia de la infraestructura

Nueva ruta de la seda: la importancia de la infraestructura

POR: 
HENRY BRADFORD SICARD
 
 
Hace alrededor de 2.300 años que China iniciaba su camino para asentarse como potencia comercial, creando canales de comunicación terrestre con países de Asia, África y Europa que le permitieron aumentar su volumen de bienes tranzados. Desde el siglo I a.C. y hasta el siglo XV esta ruta se convirtió en una fuente de integración, no solo comercial, sino también cultural y política, y posibilitó avances y crecimiento económico para la región, pues, aunque su nombre lo debe al producto más popular que transitaba por allí –la seda–, este no era el único: desde piedras preciosas, hasta productos manufacturados, fueron comercializados a través de aquellos caminos, de los cuales hoy quedan tramos que son considerados como Patrimonio de la Humanidad.

Hoy, dos milenios después, una China renovada mira aquel pasado con orgullo, pero a su vez con añoranza, queriendo recuperar el liderazgo económico que en algún momento tuvo. Sin embargo, las condiciones han cambiado completamente a las de aquel entonces. 

Desde la Segunda Guerra Mundial, y hasta la actualidad, Estados Unidos es un punto importante de referencia en términos comerciales, económicos y de infraestructura, a pesar de las medidas proteccionistas de su actual gobierno. Si bien es cierto que muchas de sus recientes decisiones, como la salida del Acuerdo de París y la mirada negativa hacia un acuerdo comercial con países del Pacífico, le han abierto la puerta a China para que vea más cercana la posibilidad de realizar su megaproyecto de una nueva ruta de la seda, el gigante asiático tiene claro que el trabajo que le espera es arduo. 

Se hace necesaria una modernización de la infraestructura, especialmente de las zonas aisladas de su territorio con poco desarrollo, que contrastan con sus modernas ciudades, caracterizadas por los altos rascacielos y las grandes avenidas. Se espera, por lo tanto, que la construcción de vías a lo largo del país tenga un desarrollo importante y que las zonas rurales gocen de mayor contacto con el entorno urbano. Adicionalmente, la expectativa es que la transformación, en términos de infraestructura, no solo beneficie internamente el país, sino que cerca de 70 naciones más mejoren su conectividad mediante corredores terrestres y marítimos. 

Esta situación lleva a una reflexión sobre la importancia crucial que tiene la infraestructura para el buen desarrollo de la economía, el comercio y las relaciones de una nación. El transporte de las mercancías es fundamental para la competitividad de los países frente a los demás, ya que el costo que tiene llevar desde el lugar donde se fabrica un producto, hasta el sitio donde se vende, influye en su precio final y, por lo tanto, si existen deficiencias en este aspecto, se ralentiza el crecimiento del comercio y, por ende, de la economía en general.

Este es un tema que en Colombia se sigue discutiendo y al cual no se le ha dado una solución pertinente, a pesar de los avances que ha habido en los últimos años en ese sentido. 

Es por este motivo que cuando China decidió extender sus alcances y trazar una nueva ruta de la seda llegando a España en trenes y a América Latina en grandes embarcaciones por el Océano Pacífico, uno de sus puntos principales a tener en cuenta fue el de transformar su territorio en una potencia en temas de infraestructura. Su plan incluye la creación de grandes avenidas que conecten su campo con las ciudades y que, a su vez, conecten con los países a los que quiere llegar. Largas líneas de trenes que le permitan llegar al territorio europeo y a algunos antiguos territorios rusos, así como al resto de Asia, y una red marítima con capacidad para viajes intercontinentales e incluso líneas ferroviarias que conecten la costa atlántica de Suramérica con la pacífica. 

Es, entonces, un ejemplo de cómo la infraestructura puede transformar el comercio mundial y las relaciones sociales, culturales y políticas del mundo. El presidente de China, Xi Jinping, sabe que si logra su cometido, estará dejando un legado a largo plazo, ya que una infraestructura de calidad es un patrimonio que permanece en el tiempo. 

A nosotros, nos resta, por lo pronto, observar cómo los demás países construyen redes de transporte sofisticadas y en Colombia, es nuestro deber no ser simples espectadores del futuro, sino planear y cimentar un país cuyas vías internas presten el mejor servicio para el transporte de mercancías y cuyo campo esté completamente conectado con las ciudades para no quedarnos rezagados.


Henry Bradford Sicard
Rector del Cesa

 

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Tomado de www.portafolio.co

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